Cuando se registró la fuga o escape del tristemente célebre narcotraficante, Crispín Humberto Borunda Cárdenas, ocurrida el pasado 25 de marzo, en días en que el reo era requerido por autoridades de la DEA, y que por diversas complicaciones en su salud, era atendido en el lujoso y exclusivo Hospital CIMA, los medios de comunicación en su gran mayoría habrían asegurado que el maleante lo habría hecho custodiado por un comando armado y abriéndose paso con lujo de violencia.
Falso de toda falsedad.
Todo lo contrario, salió por su propio pie y aunque suene exagerado, casi fue despedido de mano por enfermeras y otros empleados que durante casi un mes lo habían tenido en calidad de un paciente VIP.
Un mes antes de que arribara a la clínica antes citada, bajo el argumento de complicaciones cardíacas, de una presunta neumonía y por aparentes problemas de diabetes, había sido, llevado de la Unidad de Bajo Riesgo, para que lo atendieran en medio de un fuerte dispositivo de seguridad del cual se habrían hecho cargo, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, que por esos días dirigía, Javier Alberto Torres Cardona, a quien sus más cercanos lo llamaban “el nanis” un oscuro funcionario público que de la mano de su mecenas, Reyes Baeza Terrazas, había ascendido a dicho encargo, pese a no tener un perfil propiamente de policía en su haber.
En forma paralela y simultánea, al frente de la Dirección del Centro de Readaptación Social de San Guillermo, figuraba un turbio personaje que habría de ser un factor clave para que con el devenir de los días se suscitara la publicitada salida del “empresario exitoso” oriundo del municipio de Satevó, pariente incómodo de los dueños de la cadena de los Diarios.
Osvaldo y Sergio Rodríguez Borunda.
Era nada más pero nada menos que Celso Mariano Márquez Pena, hombre de pequeña estatura, empero de ambiciones muy grandes, compadrito consentido de Torres Cardona. Era su “compadrito de bolsillo”, como luego le decían a sus espaldas los detractores de ambos “servidores públicos” que no eran pocos entre los reyesbaecistas.
Juntos habrían estado en la Subdirección de Gobernación Municipal en la administración de José Reyes Baeza. Luego se instalarían en la Dirección de Vialidad ya de gobierno del estado, cobrando buenos dividendos, no por lo que percibían desde la nómina, sino de los enjuagues y bailes que llevaban a cabo, coludidos con subordinados en esa dependencia, alineados obviamente con la corrupción y con la transa, que decían ‘’combatir’’….
Pero solo de dientes para afuera.
Desde antes que se suscitara el desaguisado del pasado 25 de marzo, sabedores de la generosidad y de los recursos económicos abundantes de los cuales disponía, el peligroso delincuente,- quien habría gozado también de “buenas atenciones” desde los tiempos de Patricio Martínez, cuando tuvo la mala fortuna de caer detenido por militares, luego de habría intentado levantar a uno de sus deudores por cuentas pendientes que tenían que ver con el tráfico de drogas- le prodigaron un” trato especial”.
Los fines de semana, salía para visitar a sus “amigas de ocasión” y a viejas amistades, desde luego que vigilado por custodios de la UBR, que tenían instrucciones de cuidarlo y no hostigarlo mucho, de acuerdo a lo que habrían revelado a este columnista, meses atrás, varios informantes que pidieron el anonimato.
Torres Cardona y su alter ego, Celso Marques, antes que funcionarios, hombres de carne y hueso, antes que parientes, cómplices, sabían de estos disimulos, pero como luego reza el viejo refrán;” poderoso caballero es don dinero, le pusieron precio a sus componendas… y no cobraban cualquier bagatela, por lo menos, diez mil dólares cada vez que el temible Crispín se sentía estresado por tanta sombra, por tanto encierro, sin poder disfrutar de su fortuna que había forjado con el sudor de su frente y mediante el jugoso trasiego de drogas al vecino país del norte.
Ciertamente, la afición a las drogas, le habían ocasionado algunos problemas de salud a Borunda Cárdenas desde tiempos pretéritos.
Ese seria, paradójicamente para su buena suerte, el pretexto o excusa para buscar salirse de la cárcel, sin disparar un solo tiro y mucho menos sin ocasionar un enfrentamientos entre sus gatilleros y los modestos custodios que lo vigilaban de día y de noche, si se toma en cuenta que ya llevaba atendiéndose casi un mes de las diversas dolencias que la autoridad en voz del mismo Torres Cardona daría a conocer en rueda de prensa, acompañado del secretario de Gobierno, Sergio Granados Pineda, y la misma procuradora, Patricia González Rodríguez.
En ese lapso, Torres Borunda, un narcotraficante generoso no solo con los representantes de la ley, supo desde un principio que tenía que ganarse la simpatía y la filia de doctores, enfermeras, personal de intendencia que lo atendían diariamente, para poder maniobrar su escapada, justo, cuando las pretensiones de las autoridades de la DEA de los Estados Unidos al gobierno de Felipe Calderón de extraditar a Crispín se hacían cada vez más insistentes a consecuencia de la altísima cauda de sangre que estaba dejando el crimen organizado no solo al régimen de Baeza Terrazas, sino al del inquilino de Los Pinos, sobre todo en el 2008.
Borunda Cárdenas, en complicidad con personal médico de esa lujosa clínica, hizo correr la versión de que lo atendían de una afección cardíaca, y así lo publicaron varios medios de comunicación.
La realidad de acuerdo a un informante del Cisen, era que en los hechos le estaban practicando varias operaciones cosméticas, es decir de cirugía plástica en rostro y abdomen para que cuando saliera no fuera fácilmente reconocido por sus potenciales captores, ubicados allende el bravo, desde donde alguna vez se fugara de la prisión de la Tuna en el estado de Nuevo México.
El narco repartió detalles, atenciones a todo mundo que tenía cerca. Desayunos y comida para todos los que quisieran. No escatimó en gastos.
El plan de la fuga ya estaba en marcha, incluso se dice que se había hecho un simulacro para que no hubiera falla alguna en su salida del Cima.
Presuntamente el acuerdo económico con funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal que lideraba Javier Alberto Torres Cardona ya estaba bien amarrado y al parecer oscilaría en un millón de dólares que sería repartido en efectivo y en moneda americana.
Como era de esperarse, tras la fuga del capo de las drogas, la aplicación de la ley recaería únicamente en empleados de segundo y cuarto nivel. Para despistar un poco la grave pifia de las autoridades estatales, el director del Cereso, Celso Márques, era removido de su encargo, pero sin que haya sido consignado ante la PGR, por la evasión solapada del capo.
“Hágase justicia en los bueyes de mi compadre” dice un viejo adagio y éste se cumplió al pie de la letra al ser suspendidos 17 empleados de la SSPE, un día después de los lamentables hechos que desgastaron la alicaída imagen de Reyes y de su gobierno.
Torres Cardona, fue separado de sus funciones en la Secretaría de Seguridad, donde siempre fue una figura meramente decorativa. Nunca dicha dependencia pudo echarle el guante a algún capo de las drogas.
Lo que habrá que preguntarse es ¿cuánto le habría tocado en este presunto jugoso negocio al cuestionado y turbulento ‘’nanis”? y ¿cuanto al hombrecillo que presumía de ser su compadre?
Lo que habrá que preguntarse, es, si ese dinero mal habido les representara un salvavidas o un salvo conducto para lo que resta del sexenio o ¿un amuleto de la mala suerte?...
Y lo más trascendente ¿Cómo terminaran sus vidas una vez que el poder sexenal de Baeza Terrazas del cual disfrutaron a todas luces, se extinga con el correr de los meses que todavía le quedan, ¿acaso como trágicamente terminaran perdiendo la vida varios ex comandantes del pasado régimen patricista, tales como José Antonio Torres, o Ignacio nacho Sánchez, o el mismo Armando Medrano, o Francisco Mijares de pasado barrista en los tiempos de Patricio Martínez.
Pocos, muy pocos son los que alcanzan a salvar el pellejo por sus trácalas y vínculos con los manosos, representantes del narco y el hampa organizada.
Ya lo veremos…
EN CORTO…. EN CORTO…. Los candidatos del PRI, Alejandro Cano y Maurilio Ochoa, por el sexto y octavo distrito arrancaron sus periplos partidistas frente a sus adversarios del PAN, Juan Alberto Blanco y Manuel Narváez, con diez puntos abajo, si se toman en cuenta los resultados de los pasados procesos electorales del 2006, cuando se quedaron en el camino, Graciela Ortiz y Ericka Pando.
En tanto que el ex edil de Ciudad Juárez, Héctor Murguía Lardízabal, inició con el mejor de los pronósticos su campana política por el segundo distrito, dándose por descontado que habrá de arrasar a su contrincante panista por lo menos por 20 mil votos en los comicios del 5 de julio, si se toma en cuenta que su adversario es un auténtico desconocido y que compite en una demarcación política donde votan en automático por el tricolor. En este proceso electoral, se presentan varios detalles que lo hacen diferente a otros, como es el hecho que nunca antes había contendido en el bando del PRI un abanderado con pasado perdedor, como es el caso de Alejandro Cano, quien mordiera el polvo, en el 2007 frente a Carlos Borruel.
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CRISPIN BORUNDA |
Contienden tres ex ediles, dos priistas y un panista, que pretenden utilizar su posible triunfo de la diputación federal para buscar luchar por la gubernatura en el 2010.
Si a ello, agregamos el brote de la influenza, en nuestro país, pues hace el arranque de estas campanas totalmente diferentes a todas las anteriores…. En posteriores ediciones daremos futuros resultados y los escenarios que se armaran en el mediano plazo…….